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¿Qué sentimos cuando hablamos de Patria?

Cada 25 de Mayo la palabra Patria vuelve a aparecer con fuerza en discursos políticos, actos escolares, publicaciones institucionales y conversaciones cotidianas. Sin embargo, en una sociedad atravesada por la fragmentación, el cansancio social y la crisis de representación, vale la pena preguntarse: ¿Qué sentimos hoy cuando hablamos de Patria?

La Patria es nuestro territorio, nuestra bandera, nuestras fechas patrias, nuestro legado histórico. Pero no sólo eso, es también una construcción simbólica, cultural y emocional, en términos de Bourdieu. Se sostiene en relatos compartidos, memorias colectivas y formas de pertenencia que hemos ido elaborando a lo largo del tiempo. Por eso, pensar la identidad nacional implica también pensar las emociones sociales que la atraviesan.

Desde la sociología de las emociones, sabemos que las emociones no son únicamente experiencias individuales. También son fenómenos sociales y políticos. El miedo, la esperanza, el orgullo, la frustración o el enojo circulan colectivamente, moldean percepciones y condicionan vínculos sociales. Las sociedades sienten y esas emociones compartidas influyen profundamente en la manera en que se construyen las identidades políticas y nacionales.

En Argentina, la idea de nación estuvo históricamente ligada a debates pendulares sobre el modelo económico, sobre la dependencia cultural, la justicia social, la soberanía y el lugar del pueblo en la construcción histórica. En este sentido, los 216 años transcurridos desde aquel primer grito de rebeldía, fueron pariendo un pueblo con grandes matices que aún transita el proceso de construcción de su propia identidad nacional. Aquí, el pensamiento de Juan José Hernández Arregui continúa ofreciendo herramientas valiosas para comprender el presente. Su crítica a la colonización cultural y su defensa de una conciencia nacional vinculada a las experiencias populares permiten reflexionar sobre una pregunta todavía vigente: ¿qué constituye hoy el sentido de lo nacional?

Actualmente, esa disputa ya no se desarrolla únicamente en el plano económico o institucional. También ocurre en el terreno simbólico y comunicacional. Las redes sociales, los medios digitales y los algoritmos participan activamente en la producción de sentidos, emociones y percepciones colectivas. La comunicación dejó de ser solamente transmisión de información: hoy organiza sensibilidades, amplifica malestares y moldea identidades.

Vivimos en una época marcada por la hiperconectividad y, paradójicamente, por profundas dificultades para construir comunidad. El individualismo extremo, la lógica de la inmediatez y la polarización permanente debilitan la posibilidad de imaginar proyectos colectivos duraderos. Muchas veces, la política aparece reducida a la confrontación emocional instantánea, mientras el vínculo social se fragmenta lentamente.

En este contexto, hablar de Patria puede resultar incómodo, lejano o incluso vacío de contenido para amplios sectores sociales. Es quizás aquí donde aparece uno de los desafíos mas importantes de nuestro tiempo: reconstruir sentidos de pertenencia sin caer en simplificaciones, exclusiones o nostalgias paralizantes.

La comunicación política tiene en este espacio un papel central. No sólo porque comunica ideas, sino porque construye climas sociales, legitima discursos y reproduce formas de interpelar la realidad. Cada mensaje político apela, consciente o inconscientemente, a emociones colectivas. Por eso, comprender los procesos comunicacionales contemporáneos implica también comprender cómo se configuran los afectos sociales que sostienen – o debilitan – el lazo social.

Es probable que el desafío actual no sea únicamente defender la Patria como consigna, sino reconstruirla como experiencia compartida, volver a pensar un “nosotros” posible en una sociedad atravesada por la desconfianza, el desencanto y la individualidad.

Porque ninguna comunidad puede sostenerse largamente desde el miedo o el enojo, toda reconstrucción colectiva necesita también esperanza, reencuentro y horizonte común. Y, quizás allí, entre la palabra, la emoción y el vínculo social, siga existiendo una de las tareas más urgentes de nuestro tiempo.

Lic. Alejandra Carli

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Lic. Alejandra Carli

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